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PP y ERC unidos por la crueldad contra los animales.



Ambas formaciones, junto al PNV, firman en contra de la directiva europea que prohíbe las amputaciones no terapéuticas a animales domésticos.



Galgos, frecuentes víctimas de la barbarie de los cazadores.
Cuando Pedro Sánchez intentaba formar un gobierno de progreso, con el apoyo de, entre otros partidos, ERC, el PP puso el grito en el cielo, argumentando que no se podía, en ningún caso, pactar con los perversos independentistas que buscan la destrucción de la España Una unida en el destino de lo universal. 

Mas las cosas cambian con la doble vara de medir del PP, cuando se trata de pactar en pro de la crueldad sádica que caracteriza a una parte de la población, el lobby de los cazadores que, sin ser muchos, no se sabe por qué tienen un gran poder y, desde luego, el apoyo incondicional del PP, dispuesto a pactar hasta con el diablo para satisfacer las pretensiones de ese colectivo sádico y en ocasiones asesino de sus congéneres.

No se sabe si por sometimiento al colectivo de cazadores, o por simple actitud cruel con los animales, originada en el principio judeocristiano del androcentrismo que, según las escrituras paleolíticas hacen del hombre dueño de todas las vidas de la naturaleza, el PP, que utiliza con frecuencia el argumento de que es la UE la que impone recortes contra los más débiles de la población, ignoró olímpicamente la directiva europea que prohíbe las amputaciones no terapéuticas en animales domésticos. 

Haciendo caso omiso de esa directiva y aliándose con la, en otras ocasiones, estigmatizada formación catalana, ERC, y con el PNV, ambos partidos acusados con frecuencia por los populares de ser enemigos de la unidad patria, el PP consiguió que la amputación de la cola de los perros sin motivos curativos siga siendo legal. Ambos grupos presentaron una enmienda para que pueda mutilarse "a cachorros de razas cazadoras y sus cruces".
Un perro víctima de una cruel tradición

La razón, si es que esa brutalidad puede tener alguna, es que existen colectivos de delincuentes que consideran que el corte de orejas y rabo de los perros destinados a la caza son una tradición "ancestral" que se ha realizado "toda la vida" para evitar que las zarzas dañen a los perros, por lo que sólo continuaban una tradición rural. Ignoran, o les importa un ardite, que la mutilación del rabo supone para el perro no pocas consecuencias, desde el dolor físico hasta consecuencias psicológicas porque el animal se ve privado de un apéndice que le permite comunicarse con sus congéneres y con los humanos. 

El maltrato animal, el abandono de perros y actos violentos y gratuitos contra los perros de los cazadores, es una indeseable costumbre de ese colectivo en todo el país. Aunque es Andalucía la que figura en el primer lugar donde menos se respeta a los animales, según la Fundación Affinity, que destaca que el fin de la temporada de caza es el responsable del 10% de los abandonos, un porcentaje que aumenta en Extremadura y Castilla La Mancha, comunidades donde esta práctica tiene un fuerte arraigo.

Hoy mismo, el diario Público da cuenta de la noticia sobre un cazador que disparó a dos perros que paseaban con un hombre, al que rozaron los perdigones, porque no tenía conejos u otras especies que masacrar y, por pura diversión, disparó contra los indefensos canes que murieron por su crueldad. El dueño de los animales denunció el hecho, y los agentes del Seprona dieron con el criminal que había huido en un todo terreno. En su casa tenía varias armas de caza todas con licencia. 

Auténticos mafiosos, un gran número de cazadores están en el punto de mira del Seprona, que lleva un año investigando una trama de seis veterinarios y una veintena de cazadores que podrían recibir severas sanciones. La ley tipifica las operaciones estéticas como delito desde 2003 en Andalucía. Sin embargo, lo más sorprendente de estos casos, que instruyen varios juzgados onubenses, es que las mutilaciones contaron con la connivencia de seis veterinarios, detenidos por falsificar los permisos de esas operaciones ilegales.

No es Andalucía el único lugar donde el Seprona investiga esas atrocidades. En la región de Murcia el asunto se repetía casi como un calco del anterior, con las mismas prácticas y las mismas justificaciones en la absurda y cruel tradición. Lo que diferencia ambos casos es que en el de Murcia los cazadores amenazaron, nada veladamente, a los miembros de Seprona, con denuncias falsas e, incluso, con venganzas físicas, haciendo alarde de un poder que no se sabe si es cierto, pero que ellos pretenden real, atemorizando a quienes intentan que se cumpla la ley.  

Según estadísticas oficiales, cada año muere en España una media de 20 personas por accidentes de caza y casi un millar resultan heridas. Casos como el de Paulino García, jubilado de 66 años, que decidió dar un paseo con su mujer por el soto de un amigo. El matrimonio estaba recogiendo castañas cuando sonó un disparo de escopeta. Paulino cayó muerto de una perdigonada en el estómago. Un cazador le confundió con un jabalí.
El respeto por la naturaleza y los animales es cada vez mayor en la sociedad, en la que un elevado número de ciudadanos está en contra de la caza con perros, y pide constantemente la prohibición de tal práctica, junto con otros más radicales que quieren que la caza se prohíba radicalmente. 

Sin embargo, y pese a la mayoría social que abomina de la caza, el lobby de los cazadores sigue imponiendo sus prácticas crueles e influyendo en la legislación, en contra incluso de las directivas europeas, porque el PP, hijo putativo del franquismo, está muy involucrado en defender cualquier causa que defienda una tradición, por muy cruel que esta sea. 

Al PP le hablan de tradición y babea. Cualquier año de estos impone ejecuciones en las plazas públicas o autos de fe. 

Todo por salvaguardar las tradiciones, aunque sean una barbarie. 

El mapa de la crueldad con animales domésticos en España.


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